sábado, 2 de mayo de 2015

JAIME DÁVALOS


Jaime Dávalos

Tonada del viejo amor


Y nunca te'i de olvidar
en la arena me escribías.
El viento lo fue borrando
y estoy más solo mirando el mar.

¡Qué lindo cuando una vez
bajo el sol del mediodía
se abrió tu boca en un beso
como un damasco lleno de miel!.

¡Herida la de tu boca
que lastima sin dolor...!
no tengo miedo al invierno
con tu recuerdo lleno de sol.


Quisiera volverte a ver
sonreír frente a la espuma,
tu pelo suelto en el viento
como un torrente de trigo y luz.

Yo sé que no vuelve más
el verano en que me amabas.
Que es ancho y negro el olvido,
que entra el otoño en el corazón.


Las golondrinas


¿Adónde te irás volando por esos cielos,
brasita negra que lustra la claridad?
Detrás de tu vuelo errante mis ojos gozan
la inmensidad, la inmensidad.

Veleros de la tormenta se van las nubes,
y en surcos de luz dorada se pone el sol.
Y como sílabas negras, las golondrinas
dicen adiós, dicen adiós.

Vuela, vuela, vuela, golondrina,
vuelve del más allá.
Vuelve desde el fondo de la vida
sobre la luz, cruzando el mar,
cruzando el mar.


Un cielo de barriletes tiene la tarde,
y el viento en las arboledas cantando va
y desandando los días mi pensamiento
también se va, también se va.

Cuando se acorten los días junto a mi sombra
y en mi alma caiga sangrando el atardecer,
yo levantaré los ojos pidiendo al cielo
volverte a ver, volverte a ver.

La nochera


Ahora que estás ausente
mi canto en la noche te lleva,
tu pelo tiene el aroma
de la lluvia sobre la tierra.

Y tu presencia en las viñas
dorada de luna se aleja,
hacia el corazón del vino
donde nace la primavera.

Mojada de luz
en mi guitarra nochera,
ciñendo voy tu cintura
encendida por las estrellas.


Quisiera volver a verte
mirarme en tus ojos quisiera,
robarte guitarra adentro
hacia el tiempo de la madera.

Cuando esta zamba te cante
en la noche sola recuerda,
mirando morir la luna
cómo es larga y triste la ausencia

Resolana

Perdón... Te digo adiós.
Si perdonas podrás olvidar.
No quiero que el amor,
sea trigo sembrado en el mar.

Solo quiero que seas feliz,
que te libres de mí,
y recobres la fe.

Que te quede de mí la ternura,
como resolana debajo la piel.

Se ha roto entre los dos,
la alegría de sueños de amar.
Nos queda la ilusión,
y es posible volver a empezar.

Nadie puede inventar el amor,
no me tengas rencor.
Despedirse es tan cruel...

Que te quede de mí la ternura,
como resolana debajo la piel.

Y cuando el amor renace,
vuelve a cantar la vida,
vuelve la fe perdida.
Todo tiene sentido otra vez,
si te queda de mí la ternura,
como resolana debajo la piel.



Canción del jangadero


Río abajo voy llevando la jangada,
río abajo por el alto Paraná.
Es el peso de la sombra derrumbada,
con el anhelo del agua que se va.

Río abajo, río abajo, río abajo,
a flor de agua voy sangrando esta canción.
En el sueño de la vida y el trabajo
se me vuelve camalote el corazón.

Jangadero, jangadero,
mi destino por el río es derivar
desde el fondo del obraje maderero,
jornalero del agua que se va.


Padre río, tus escamas de oro vivo
son la fiebre que me lleva más allá.
Voy detrás de tu horizonte fugitivo
y la sangre con el agua se me va.

Banda, banda, sol y luna, cielo y agua,
espejismo que no acaba de pasar.
Piel de barro, fabulosa lampalagua,
me devora la pasión de navegar.

Juanito Laguna se salva de la inundación


Cuando lentamente viene la corriente
y asalta las islas,
aguas sublevadas de las marejadas
cubren la región.
En la correntada turbia y encrespada
van a la deriva,
entre la resaca, árboles que arranca
de cuajo el torrente, minuciosamente
se imponen las aguas de la inundación.

El islero siente resignadamente
que su pobre vida
queda acorralada como su ranchada
sobre un albardón,
su suerte está echada en esta anegada
soledad perdida,
en donde la lluvia de invierno diluvia
y la sudestada mantiene empacada
la furia inocente de la inundación.


Juanito Laguna, mirando la luna
que se hizo con agua
y las crestonadas que al norte en bandadas
emigrando van,
en su barro tierno de dolor eterno,
medroso presiente
que en aquel invierno vendrá la creciente
dejando sin rancho, desnuda la gente,
sembrando en las islas la devastación.

MANUEL J. CASTILLA

Manuel J. Castilla


Bajo el sauce solo


A veces te recuerdo
Mirando al río
Dentro la espuma, lejos,
Anda el olvido.

Bajo este sauce solo
Yo te he querido
Y se ha quedado el sauce
Mas pensativo.

Donde andará mi amor
Que se fue penando
Por este olvido
Me vuelve con la zamba
Arrepentido.

No sé porqué desando
Viejos caminos
Sabiendo que son otros
Nuestros destinos.

Ya me voy con la tarde
Triste y dolido
Nuestro amor es recuerdo
Lo llevó el río.

Debajo del sauce solo
A veces te recuerdo
Mirando el río
Dentro la espuma, lejos,
Anda el olvido.


Zamba de Lozano


Cielo arriba de Jujuy
Camino a la puna me voy a cantar
Flores de los tolares
Bailan las cholitas el carnaval

En los ojos de las llamas
Se mira solita la luna de sal
Y están los remolinos
En los arenales dele bailar

Ramito de albahaca
Niña Yolanda dónde estará
atrás se quedo alumbrando
Su claridad
Flores de los tolares
Bailan las cholitas el carnaval


Jujeñita quién te vio
En la puna triste te vuelve a querer
Mi pena se va al aire
Y en el aire llora su padecer

Me voy yendo, volveré
Los tolares solos se han vuelto a quedar
Se quemará en tus ojos
Zamba enamorada del carnaval

Ramito de albahaca
Niña Yolanda dónde estará
atrás se quedo alumbrando
Su claridad
Vuelvo a las abajeñas
Ya mi caballito no puede más

Zamba de Argamonte


La noche que ande Argamonte
tiene que ser noche negra,
por si lo vienen siguiendo
y le brillan las espuelas.

Argamonte por el monte,
pasa despacio a caballo;
los lazos de su memoria
al aire van cuatrereando.

El gaucho que va a caballo,
no desensille.
No vaya que, andando el vino,
me lo acuchillen.


Cuando Argamonte se acuerda
que andaba por esos chacos:
la luna le pone encima
la sombra del contrabando.

Y si canta una baguala
a orillas del Pilcomayo:
el agua se lleva un toro,
cuando lo están despenando.


Canción del obraje


Los sábados al obraje
Solito por las picadas
El guitarrero Juan Ponce
Como sin querer llegaba.

Los hacheros en la noche,
Alegres porque él les canta
Se ríen de a pedacito
Igual que brasa soplada

Cuando Juan Ponce
Larga en el monte, su voz pastosa
El hacha de la luna se derrama
Hoja por hoja.


Sus zambas floridas
Y sus ojos se le empañan
Cuando recuerda mujeres
Se le endulzan las distancias

Cantor pobre de los montes
Borracho en las madrugadas
La guitarra con su sombra
Lo llevan crucificado.


La navidad de Juanito Laguna


La Navidad que les canto
no tiene luna;
se va tiznando en la noche
de Juan Laguna.

Sobre la mesa, un pan dulce
y un arbolito,
y unos juguetes. Jugando,
sus hermanitos.

Juanito de la inocencia
canta en dormido Laguna
así por dentro del sueño
pasa llorando la luna.


Se le va hundiendo en los ojos
largo el camino.
Muy distraído se queda
con su destino.

Le está soltando campanas
la Nochebuena
y en el arbolito cantan
las arboledas.

La pomeña


Eulogia Tapia en La Poma
Al aire da su ternura
Si pasa sobre la arena
Y va pisando la luna.

El trigo que va cortando
Madura por su cintura
Mirando flores de alfalfa
Sus ojos negros se azulan.

El sauce de tu casa
Está llorando
Porque te roban Eulogia
Carnavaleando.

La cara se le enharina
La sombra se le enarena
Cantando y desencantando
Se le entreverán las penas.

Viene en un caballo blanco
La caja en sus manos tiembla
Y cuando se hunde la noche
Es una dalia morena.

Maturana


El que canta es Maturana
chileno de nacimiento,
anda rodando la tierra
con toda su tierra dentro.

Andando por esos montes
en Salta se ha vuelto hachero,
si va a voltear un quebracho
su sangre llora primero.

Chilenito
¡ay! desterrado
en el vino que lo duerme
dormido llora su pago.


Qué será de este hacherito
de ese que no ha sido nada,
lo irán cantando los vinos
que ese chileno tomaba.

Tal vez el carbón se acuerde
del hombre que lo quemaba
y que en el humo iba al cielo
machadito Maturana.

HAMLET LIMA QUINTANA

Hamlet Lima Quintana


Crónica de un semejante



Salgo pensando que te olvido
trabajando en dos trabajos,
me duele tanto tu ternura,
te debo tantas rosas postergadas.

Salgo pensando en los trenes
van llevando la esperanza,
me duelen tantos los andenes,
las flores del trabajo por la vida.

Por la lucha,
nuestra lucha,
gente al fin que vive.
Por nosotros,
la esperanza,
vos y yo con todos.

Salgo por allí
para encontrarte en cada esquina,
salgo por el pan
que hará crecer hijos en flor,
por vos, por mí.

Vuelvo con ganas de morir
junto a la cruz de tu mirada
y resucito en la esperanza,
las flores del trabajo por la vida.

Por la lucha,
nuestra lucha,
vos y yo con todos.

Salgo por allí
para encontrarte en cada esquina,
salgo por el pan
que hará crecer hijos en flor,
por vos, por mí.

Vuelvo con ganas de morir
junto a la cruz de tu mirada
y resucito en la esperanza
de ver la luz.

Gente necesaria



Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales,
que con sólo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente,que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas.
Que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con solo abrir la boca
llega hasta todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.

Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria,
pues sabe, que a la vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria.

Hermano



Fíjate hermano cómo vas cantando,
toda la tierra te escucha conmigo.


Del surco hasta el cañadón,
del viento hasta la madera,
del tiempo hasta la ternura
de la vida verdadera.

Porque es preciso tener
un corazón derramado,
jirones de sueños viejos
que van quedando olvidados.

Del grito hasta la oración,
del fuego hasta la memoria,
que el hombre en dolor viviente
cante sangre de su historia.

Y cuando quede al final
tu corazón silencioso,
serás un pueblo sintiendo
por un cantor milagroso.

Juanito Laguna remonta un barrilete



Si Juanito Laguna llega a la nube
es el viento que viene, lo ama y lo sube,
es el nombre Juanito en la cañada
es el nombre Laguna, casi no es nada.
Corazones de trapo sueñan la cola.
Palomita torcaza su cara sola,
si Juanito Laguna sube y se queda
es, tal vez, porque puede, puede que pueda.

¡Ay! Juanito Laguna
Volará el barrilete con tu fortuna.


Con el viento la caña silba una huella
y la huella se pierde, Juanito en ella.
Si Juanito Laguna le presta un sueño
es el canto que sube hasta su dueño.
Es un ojo en el aire, es carta y sobre:
Barrilete Laguna, Juanito Pobre.
Si Juanito Laguna sueña conmigo
volveré en barrilete para mi amigo.

La cruz del niño



Quién le ha regalado esta cruz a mi niño,
preguntó llorando María en Belén.
No ven que es muy niño
y él no se da cuenta
cuando sea grande
su cruz va a tener.

Quién le ha regalado esta cruz al niño.
Sonajero mudo de madera y miel.
Miren como juega
miren como ríe
a cualquier regalo
la prefiere él.

Quién le ha regalado esta cruz al niño
no ven que un dedito.
se puede torcer.
No ven que le pesa
y el no se da cuenta
que ya tendrá tiempo
de una cruz tener.

Zamba del duraznillo



Cachirlas que vas boleando,
arroyos de fruto al sol,
trabajando en el campo
como jugando,
pájaro en vuelo.

Misterios de nido pobre,
tientito enhebrando luz,
boyerito sin culpa,
flor de inocencia,
sombra sin sombra.

Vientito de los caminos
volando te vas,
igual que los duraznillos
que crecen por ahí nomás.
Soles de infancia,
soles maduros,
sos como un pasto más.


Con alas de mariposa,
torcazas del monte azul,
vas gastando los sueños
día tras día, vida por vida.

Te hiciste montando en pelo
y tu hombre se anticipó.
Un silencio que canta
flor en tu pecho,
mate de leche.

Los pueblos de gesto antiguo



Me gustan los pueblos chicos de gesto antiguo
Son gente que da la mano y saluda al sol
Que sabe ganar la vida y ganar la muerte
Allá me voy a vivir
Con gente que planta un árbol y enciende amor.

Me iré por aquel camino que lleva al pueblo
Que crece entre la ternura que da el maíz
Me iré con la lucha a cuestas y el alma abierta
Allá me voy a vivir
Con toda la fuerza antigua de mi raíz.

La gente estará cantando la vida nueva
Que esta creciendo en los pueblos chicos
Los pueblos de gesto antiguo
Con gente que da la mano.

Me voy a cantar con ellos hasta que el alba
Rocié el campo de aroma puro.
Sencillo como la lluvia
Profundo como la paz.


Los pueblos de gesto antiguo se dan la mano
Los pueblos se dan la mano para vencer
Los pueblos que van creciendo como los vientos
Allá me voy a vivir
En ese pueblo tan chico que va a nacer.

Esto azul



Hasta aquí llegué
en agrario sol
con la tierra al hombro,
descubrí la mañana
y pensé
que era un dios
separando la luz.
Y al final
recordé
que uno siempre se va.

Para qué seguir
si con sólo ver
lo que va pasando:
esta vida en el árbol,
la canción
que nos viene de ayer,
al final
puede ser
que nos llegue a alcanzar.

Este agrario asombro,
este antiguo barro,
es el sol,
es azul,
es el árbol frutal.
Es olor
de parral
y uno siempre se va.

Zamba para no morir



Romperá la tarde mi voz
hasta el eco de ayer.
Voy quedándome solo al final
muerto de sed, harto de andar
pero sigo creciendo en el sol, vivo.

Era el tiempo viejo, la flor,
la madera frutal,
luego el hacha se puso a golpear,
verse caer, sólo rodar
pero el árbol reverdecerá, nuevo.

Al quemarse en el cielo la luz del día, me voy
con el cuero asombrado me iré
ronco al gritar que volveré
repartido en el aire a cantar, siempre.


Mi razón no pide piedad
se dispone a partir.
No me asusta la muerte ritual
sólo dormir, verme borrar
una historia me recordará, vivo.

Veo el campo, el fruto, la miel
y estas ganas de amar.
No me puede el olvido vencer
hoy como ayer, siempre llegar
en el hijo se puede volver, nuevo.


Cielo blanco

No veo el cielo madre, sólo un pañuelo blanco
no sé si aquella noche yo te estaba pensando
o si un perfil de sombras me acunaba en sus brazos
pero entré en otra historia con el cielo cambiado.

No me duele la carne que se fue desgarrando
me duele haber perdido las alas de mi canto
las posibilidades de estar en el milagro
y recoger las flores que caen de tu llanto.

No quiero que me llores, mírame a tu costado
mi sangre está en la sangre de un pueblo castigado
mi voz está en las voces de los "iluminados"
que caminan contigo por la ronda de Mayo.

No quiero que me llores ahora que te hablo
mi corazón te crece cuando extiendes las manos
y acaricias las cosas que siempre hemos amado
la libertad y el alma de todos los hermanos.

No sé si aquella noche amanecí llorando
o si alguna paloma se me murió de espanto
la vida que ha esperado tanto
es el cielo que crece sobre tu pañuelo blanco.

No quiero que me llores, mírame a tu costado
mi sangre está en la sangre de un pueblo castigado
mi voz está en las voces de los "iluminados"
que caminan contigo por la ronda de Mayo.


Voz de Hamlet Lima Quintana  en 
http://www.poesiaselecta.com/poehamletlima.html


ARMANDO TEJADA GÓMEZ

Armando Tejada Gómez
http://www.cancioneros.com/aa/19/0/canciones-de-armando-tejada-gomez

Volveré siempre a San Juan


Por las tardes de sol y alamedas,
San Juan se me vuelve tonada en la voz.
Y las diurnas acequias reparten
el grillo de mi corazón.

Yo que vuelvo de tantas ausencias,
y en cada distancia me espera un adiós.
Soy guitarra que sueña la luna
labriega de Ullún y Albardón.

Volveré, volveré
a tus tardes San Juan,
cuando junte el otoño
melescas de soles allá en el parral...
Volveré siempre
a San Juan a cantar.


Un poniente de largos sauzales
me busca la zamba para recordar,
esas viejas leyendas de piedra
y silencio que guarda el Tontal.

Altas sombras de polvo y camino
maduran el vino de mi soledad,
cuando el sol sanjuanino,
como un viejo amigo, me sale a encontrar.

Zamba azul


Como un limpio amanecer
Era tu pollera azul
Cielo por la zamba
Duende andaba en el aire
Enredándote a mi voz
Mientras mi guitarra
Buscaba en el alba
Coplas que cantaran
Nuestro amor.

Siempre te recordaré
Junto a tu paisaje azul
Sombra que no olvido
Silueta del río
Vestida de trigo y luz
Como se dormía
La tarde en tu pelo
Con un sueño
Inmensamente azul.

La noche te vio bailar
Azul en los ojos del rocío
Adonde iría el viento
Que tu voz quedó conmigo
Luna, copla, río, aroma,
Valle azul de zamba
Dulce región de mi soledad.

Guardo aquel pañuelo azul
Que me diste en el adiós
Te llevo la tarde
Rumbo a su misterio
Cuando agonizaba el sol
Pero te quedas
Ya quieta en el silencio
Donde duerme
El viento de mi voz.

Dicen que el olvido es cruel
Que no vuelve del adiós
Pero mi guitarra
Suena a zamba tuya
Cuando por la noche estoy
Buscándole grillos
Que canten tu nombre
En la oscura voz
Del diapasón

Balada de marzo


Suele en las tardes de marzo llover
lenta y de niebla se esconde la luz
pisando el exilio de la atardecer
recuerdo un aroma de lluvia y ayer.

Lejos de marzo no suele llover.
Dónde andarán tu ternura y tu piel.
Te pienso en la lluvia y en la atardecer
perdido en la niebla comienza a doler.

Voy solo, muy solo
y por lo gris de marzo se apaga el color.
Soy lejos, muy lejos
la leve voz del viento que ronda tu canción.

Canción de lejos


Me voy, amor.
Si soy motivo para el olvido
decime adiós, decímelo;
que la paloma de tu pañuelo
me diga no, me diga adiós.

Me dices no,
pero tus ojos se van conmigo
por donde voy; huellita soy
que va y que vuelve como dos veces
del río a mí, del cielo a vos.

Qué sencillo modo
tuvo el cariño entre vos y yo:
tan sólo un pañuelo adonde el cielo
se me olvidó, se te olvidó.


Humito azul
que sube y sube desde la leña
quemándose, quemándome
como la luna que con tu ausencia
me sale a ver: quemándome.

Ausente soy,
como paloma herida en un ala
penando estoy. Me suelen ver
a medio vuelo de tu pañuelo
buscándote, buscándome...

Zamba del laurel


Si lo verde tuviera otro nombre
Debería llamarse rocío
Si pudiera volver desde el agua al laurel
Volvería a la infancia del río.

En lo verde laurel de tus ojos
El misterio del bosque se asoma
Y la vida otra vez vuelve flor de tu piel
Bajo un sol de muchacha y aroma.

Déjame en lo verde
Celebrar el día
Porque por lo verde
Regreso a la vida:
Yo muero para volver
Juntando rocío en la flor del laurel

Si lo verde supiera tu nombre
La ternura no me olvidaría
Porque viene de vos puro y simple el verdor
Como el simple verdor de la vida.

Se me ha vuelto cogollo el silencio
De esperarte a la orilla del río
Y me gusta saber que un aroma a laurel
Te llenó de rocío el olvido

Resurrección de la alegría


Ya no me acuerdo del olvido
ni de la ausencia lastimando,
sólo recuerdo tu silueta,
dulce habitante del paisaje.
Resurrección del cielo tuyo
entre mis manos y la tarde.
Ya no me acuerdo del olvido,
ando de sol con tu milagro.

Desde el amor todo regresa
como los pájaros y el alba,
resurrección, digo su nombre
y lleno el aire de campanas.
Porque el que nace a la ternura
vence a la muerte cotidiana,
abre las puertas de la vida
y lleva un niño en la mirada.

Amor que vuelve,
amor que espera,
amor que grita,
amor que nace
amor que crece.

Resurrección de la alegría,
estoy de fiesta con mi sangre.
Porque el que nace a la ternura
vence a la muerte cotidiana,
abre las puertas de la vida
y lleva un niño en la mirada.


Zamba del que anda solo


A lo lejos sube la polvareda
ademán del aire sobre la tierra,
seña del horizonte que me hace el monte y el arenal
donde empieza el camino y este destino de andar y andar.

Si no me recuerdan cuando yo vuelva
les dejo esta zamba contra el olvido
porque la ausencia mata y el solo muere de soledad,
para que no se olviden, me llevo el vicio de no olvidar.

El que anda solo ve en el humo una paloma,
un sueño allá, donde no se puede llegar;
yo lo voy a buscar por cielo, tierra y mar,
entre paloma y humo y aunque parezca polvaderal.


Porque yo te busco tiene el camino
no sólo distancia sino sentido
y aunque me cueste hallarte voy a morirme de caminar;
sé que me andás buscando porque te he visto la soledad.

Detrás de una noche de larga luna
me madruga el cielo de tu ternura
y cuando raya el día tus ojos salen a madrugar
y en todos los caminos la ausencia es sólo polvaderal.



Canción de las simples cosas


Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas,
lo mismo que un árbol que en tiempo de otoño se queda sin hojas.
Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

Demórate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
donde encontrarás con el pan al sol la mesa tendida.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

Coplera del viento


Ando cantándole al viento
y no solo por cantar
del mismo modo que el viento
no anda por andar nomás.

Yo soy sangre en movimiento
y él es paisaje que va, va, va.

Me gusta andar en el viento
y es porque me gusta andar,
empujado por los vientos
y empujando a los demás.

Tuve un amigo aquí cerca,
corazón de palomar.
Le vieron viento en los ojos,
no lo dejaron pasar.

Ellos no saben que al viento
nadie lo puede atajar, va, va.

Si la piedra es viento quieto
que ha olvidado en la arena
los muros son sólo viento
que el viento se llevará.

Ando cantándole al viento
y no solo por cantar,
del mismo modo que el viento
no anda por andar nomás.

Canción para un niño en la calle


A esta hora exactamente,
Hay un niño en la calle...
¡Hay un niño en la calle!


Es honra de los hombres proteger lo que crece,
Cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
Evitar que naufrague su corazón de barco,
Su increíble aventura de pan y chocolate
Poniéndole una estrella en el sitio del hambre.
De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo
Ensayar en la tierra la alegría y el canto,
Porque de nada vale si hay un niño en la calle.

No debe andar el mundo con el amor descalzo
Enarbolando un diario como un ala en la mano
Trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
Golpeándonos el pecho con un ala cansada.
No debe andar la vida, recién nacida, a precio,
La niñez arriesgada a una estrecha ganancia
Porque entonces las manos son inútiles fardos
Y el corazón, apenas, una mala palabra.

Pobre del que ha olvidado que hay un niño en la calle,
Que hay millones de niños que viven en la calle
Y multitud de niños que crecen en la calle.
Yo los veo apretando su corazón pequeño,
Mirándonos a todas con fábula en los ojos.
Un relámpago trunco les cruza la mirada,
Porque nadie protege esa vida que crece
Y el amor se ha perdido, como un niño en la calle.

El mundo prometido a Juanito Laguna


El cielo de zinc de Buenos Aires
agrisa las villas de cartón.
Juanito Laguna es la niñez
de ese color, de ese color, de ese color.

Arrorró mi sol. Todos los niños
traen bajo el brazo un sueño-pan,
mundo prometido a su candor,
que su candor de niño y Juan
no entenderá.

No se me vaya a dormir,
Juanito del sueño-pan,
que al sueño del niño pobre
lo vela la soledad.
Arrorró, que no hay harina
y si te duermes, vendrá
el diablo de la laguna
a morder, a quemar
la asombrada ternura del pan.

Todo niño es Juan. Todos los niños
juegan con Juanito a despertar.
Rondan en sus rondas y después
despiertan Juan, despiertan Juan, despiertan Juan.

Arrorró, mi Juan de todas partes,
porque tu niñez despertará
con un pueblo Juan
de colmena y palomar.

Arrorró, mi pobre Juan, por tu pan.
Vas de amanecer y vendrás
de las entrañas de Juan
horneando el pan de la paz.
Juan, yo he sido niño y tú, Juan
y con tu niño y mi pan
cantará el sueño de Juan.

Vas de amanecer y vendrás
de las entrañas de Juan
horneando el pan de la paz.

Fuego en Anymaná


Dicen que yo, de solo estar
Fui apagándome
Como la luz lenta y azul
De un atardecer.

Piensan que estoy secando el sol
De la soledad
Que por estar en mi raíz
Ya no crezco más.

Es que yo soy, ese que soy,
El mismo nomás,
Hombre que va buscándose
En la eternidad.
Si es por saber de donde soy,
Soy de Anymaná.


Sepan los que no han sabido
Que no estoy de solo estar,
Que estoy parado en el grito
Bagualero del pujay.

Ayer nomás ardió el pueblo
Por la tierra y por el pan,
Y la fogata en el valle
No estaba por solo estar.

Si yo me voy, conmigo irá
Todo lo que soy.
Lejos de mí, lejos de aquí,
Yo no seré yo.

Déjenme estar, de solo estar,
Viendo el sol volver.
Yo quiero ver en mi país
El amanecer.

Soy pa' durar, como el maíz,
Simple y cereal.
Soy pa' durar, porque yo sé
Pasar y pisar.
Si es por saber de donde soy
Soy de Anymaná.

Hombre en el tiempo


Delante hay un camino, por él me voy
con la sombra adelante y atrás el sol;
ando pisando el rastro del infinito,
polvo que pisa el polvo, la tierra soy.

Hombre de todas partes, el hombre soy,
memoria americana de la canción.
Y vaya donde vaya soy tierra que anda
con la raíz afuera del corazón.

Anduve con la sangre todos los siglos,
hay sangre mía en toda la eternidad.
Soy el tiempo que vuelve en cada niño
y, desde la ternura, vuelve a cantar.


Digo que me negaron el pan y el agua,
digo que sé un misterio de luna y sal.
Me conocen los ríos porque en el barro
he sido un alfarero de libertad.

Cuando la vida vuelva, vendrá conmigo
un tumulto de pueblo continental.
Espérame en la fuerza de lo que crece
de la tierra hacia el aire, del aire al pan.

Zamba de los humildes (o La de los humildes)


Zambita para que canten
los humildes de mis pagos,
si hay que esperar la esperanza
más vale esperar cantando.

Nacida de los boliches
donde el grito alza su llama,
su canción de largas lunas
sabe la siembra y el agua.

Como un canto de la tierra
hay que cantar esta zamba,
hermana de los humildes
sembradores de esperanza,
alzada raíz de sangre
del fondo de la guitarra.


Mi pueblo la canta siempre
como si fuera una ausencia
la cara hundida en el pecho
hasta mirarse la pena.

Un corazón de camino
desde su canto regresa
a despertar el destino
que el pueblo en su pecho lleva.


La zafrera


El sol despierta en la zafra
la escarcha del cañaveral,
y en el dulce rocío del agua
baja el viento a cantar,
cuando el brazo zafrero
derriba el oscuro sabor del jornal.

El día enciende en la caña
lo verde de mi Tucumán,
y en el aire de un silbo andariego
la mañana se va
a jugar con el chango
que dejé esperando allá en Famaillá.

Cuando la luna zafrera
se queme en las carpas de tanto soñar,
subirá por la sangre de un grito
su tambor a golpear,
pa' que se haga esperanza
el amargo almíbar del cañaveral.


La luz metal del machete
cantando por los tallos va,
y en el sordo crujido del carro
agoniza un zorzal,
cuando suelta el camino

su lengua sedienta por el arenal.

La tarde oscura de azúcar
se apaga ya en el naranjal,
y en la sombra frutal del aroma
sueña mi Tucumán
porque adentro e'su noche,
mi zafra de zamba me pongo a cantar.


La zamba del riego


Por el Guaymallén
el duende del agua va
llevando una flor
de greda y dulzor
que despertará en el riego
la voz vegetal
del huarpe que está
dormido en su paz mineral.

Se va tu caudal
por el valle labrador
y al amanecer
se oye, padecer
la pena del surco ajeno
verano y rigor
va de sol a sol
la sombra del vendimiador.

Dorada zamba del riego,
el agua te cantará
cuando ande en la voz
del vino cantor
la vendimia de mi pueblo
y suba un rumor
de acequia y canción
por el rumbo agrario del sol.


Solar regador
tonada del totoral
la luna rural
te ha visto regar
el sueño de mis abuelos
y luego entonar
con el regador
el vino sufrido del peón.

Canal fundador
algún día bajarás
trayendo en tu voz
de menta y cedrón,
tonadas de vino nuevo
y entonces te irás
conmigo a cantar
cogollos de amor y de paz.

Los hombres del río


Bajo un sol de madera se yergue el día
ciñendo la cintura del Paraná;
por dentro del verano, mañana arriba
van los hombres del río sobre el caudal.

Un rumor palpitante de hombre y semilla
hunde en la verde entraña del litoral;
el río suelta barca y en las orillas
madura una incesante labor frutal.

Andar, andar, andar
Sueño y sol, sangre y sol,
parten los hombres del río, sudor y jornal.

Andar, andar, andar
Sangre y sol, sueño y sol,
con la bandera del grito, sudor y jornal.

Andar, andar, andar.


La gran guerra


Al parecer Abel
no quiso ser guerrero,
Caín, según se sabe,
lo desnucó por eso.

Así empezó, así empezó
la discusión del diablo y Dios.


Se dice que se odiaban
con cierto fundamento:
al parecer, no amaban
los dos el mismo juego.

Ganó Caín y tuvo
muy larga descendencia:
una enorme familia
de gánsteres y banqueros. *

En los ratos de ocio
jugaban a matarse.
Jugaban a matarse,
pero ya no era un juego.

Así empezó el Bien y el Mal.
Caín se fue a la guerra y volvió general.
Y Abel, ¿qué fue de Abel?
Abel bajo la tierra
lo mira progresar.


* En el texto original: “de yanquis y banqueros”.



Triunfo agrario


Éste es un triunfo, madre, pero sin triunfo,
nos duele hasta los huesos el latifundio.
Ésta es la tierra, padre, que vos pisabas,
todavía mi canto no la rescata.
Y cuándo será el día, pregunto cuándo
que por la tierra estéril vengan sembrando
todos los campesinos desalojados.

¡Hay que dar vuelta el viento como la taba,*
el que no cambia todo, no cambia nada!


Éste es un triunfo, madre, del nuevo tiempo,
de estar bajo la tierra, rompió el silencio.
Éste es un triunfo, padre, de la alegría
de tu sueño en semillas sube la vida.
Sube la vida arriba, hasta la espiga,
que si la tierra es hembra, la tierra es mía,**
adonde nace el alba, yo siembro el día.


* Alfredo Zitarrosa dice “Hay que dar vuelta el tiempo como la taba”.
** Mercedes Sosa dice “que si la tierra es fértil”.

Tropero padre


Padre tropero,
vuelvo buscando
la huella de tu huella
bajo los soles del año,
detrás de qué galope
tu sombra se fue apagando...

La misma tierra
que canto y ando
te vio fundar caminos
hacia los vientos de Arauco,
tropero de mi sangre,
padre de greda y quebracho.

Ya volviste a la tierra
desde donde venías,
galopando el silencio,
a templarme la voz.
Y hoy regresas conmigo,
vuelves cantando...


Tantos caminos,
tropero padre,
encendieron mis ojos
de lejanía y distancia,
hechura de tus sueños,
apenas soy pueblo que anda...

Rumbo en tu nombre,
Lucas Tejada,
tu tropa abrió el camino
pa' que pasara la patria,
galope en las leyendas
te contarán las guitarras.


Canción del centauro


Por la noche del sur va el centauro
horizonte a galope tendido
fundador del país de mi sangre
y el origen caliente del grito.

Yo lo siento pasar por mi sombra
cuando habito en el viento legüero
y se vuelve raíz de mi canto
su memoria de greda y silencio.

Cuando salgo a buscar horizonte
para un sueño de patria y de trigo
por la noche del sur va el centauro
galopando en el tiempo conmigo.

Y esta sangre que llevo olvidará
que habita un centauro dormido
caería la muerte en mi sombra
y después crecería el olvido.


Padre nuestro, señor de la luna,
andariego de tanta distancia
en lo azul de la luz amanece
bajo el cielo de la madrugada.

Nosotros nos quedamos


Nosotros nos quedamos
y es cierto
que el miedo nos pisaba
los talones muy de a ratos.
Tanta bronca pasamos
y en silencio alentábamos
conspiración
de los rincones.

Pero fue inútil
los chicos traían su rocío
con preguntas.
Toda la furia de punta
de pronto, sin querer
compartimos.

Nosotros nos quedamos
sin caminos, sin barbas,
sin amigos.
Y los prisioneros
buscando a los que pisan
otro país
o en el cielo.


No somos héroes
porque quedamos
ni hay héroes
que regresan de otro lado
solo hombres
y mujeres
que han padecido
la patria afuera
por ese asunto
de las verdes cosas
por fundar la primavera.

Nosotros aquí aguantamos
para que alguien
pudiera abrir la puerta
y encontrar una mano
cuando el dolor volviera
de la ausencia.