sábado, 2 de mayo de 2015

JAIME DÁVALOS


Jaime Dávalos

Tonada del viejo amor


Y nunca te'i de olvidar
en la arena me escribías.
El viento lo fue borrando
y estoy más solo mirando el mar.

¡Qué lindo cuando una vez
bajo el sol del mediodía
se abrió tu boca en un beso
como un damasco lleno de miel!.

¡Herida la de tu boca
que lastima sin dolor...!
no tengo miedo al invierno
con tu recuerdo lleno de sol.


Quisiera volverte a ver
sonreír frente a la espuma,
tu pelo suelto en el viento
como un torrente de trigo y luz.

Yo sé que no vuelve más
el verano en que me amabas.
Que es ancho y negro el olvido,
que entra el otoño en el corazón.


Las golondrinas


¿Adónde te irás volando por esos cielos,
brasita negra que lustra la claridad?
Detrás de tu vuelo errante mis ojos gozan
la inmensidad, la inmensidad.

Veleros de la tormenta se van las nubes,
y en surcos de luz dorada se pone el sol.
Y como sílabas negras, las golondrinas
dicen adiós, dicen adiós.

Vuela, vuela, vuela, golondrina,
vuelve del más allá.
Vuelve desde el fondo de la vida
sobre la luz, cruzando el mar,
cruzando el mar.


Un cielo de barriletes tiene la tarde,
y el viento en las arboledas cantando va
y desandando los días mi pensamiento
también se va, también se va.

Cuando se acorten los días junto a mi sombra
y en mi alma caiga sangrando el atardecer,
yo levantaré los ojos pidiendo al cielo
volverte a ver, volverte a ver.

La nochera


Ahora que estás ausente
mi canto en la noche te lleva,
tu pelo tiene el aroma
de la lluvia sobre la tierra.

Y tu presencia en las viñas
dorada de luna se aleja,
hacia el corazón del vino
donde nace la primavera.

Mojada de luz
en mi guitarra nochera,
ciñendo voy tu cintura
encendida por las estrellas.


Quisiera volver a verte
mirarme en tus ojos quisiera,
robarte guitarra adentro
hacia el tiempo de la madera.

Cuando esta zamba te cante
en la noche sola recuerda,
mirando morir la luna
cómo es larga y triste la ausencia

Resolana

Perdón... Te digo adiós.
Si perdonas podrás olvidar.
No quiero que el amor,
sea trigo sembrado en el mar.

Solo quiero que seas feliz,
que te libres de mí,
y recobres la fe.

Que te quede de mí la ternura,
como resolana debajo la piel.

Se ha roto entre los dos,
la alegría de sueños de amar.
Nos queda la ilusión,
y es posible volver a empezar.

Nadie puede inventar el amor,
no me tengas rencor.
Despedirse es tan cruel...

Que te quede de mí la ternura,
como resolana debajo la piel.

Y cuando el amor renace,
vuelve a cantar la vida,
vuelve la fe perdida.
Todo tiene sentido otra vez,
si te queda de mí la ternura,
como resolana debajo la piel.



Canción del jangadero


Río abajo voy llevando la jangada,
río abajo por el alto Paraná.
Es el peso de la sombra derrumbada,
con el anhelo del agua que se va.

Río abajo, río abajo, río abajo,
a flor de agua voy sangrando esta canción.
En el sueño de la vida y el trabajo
se me vuelve camalote el corazón.

Jangadero, jangadero,
mi destino por el río es derivar
desde el fondo del obraje maderero,
jornalero del agua que se va.


Padre río, tus escamas de oro vivo
son la fiebre que me lleva más allá.
Voy detrás de tu horizonte fugitivo
y la sangre con el agua se me va.

Banda, banda, sol y luna, cielo y agua,
espejismo que no acaba de pasar.
Piel de barro, fabulosa lampalagua,
me devora la pasión de navegar.

Juanito Laguna se salva de la inundación


Cuando lentamente viene la corriente
y asalta las islas,
aguas sublevadas de las marejadas
cubren la región.
En la correntada turbia y encrespada
van a la deriva,
entre la resaca, árboles que arranca
de cuajo el torrente, minuciosamente
se imponen las aguas de la inundación.

El islero siente resignadamente
que su pobre vida
queda acorralada como su ranchada
sobre un albardón,
su suerte está echada en esta anegada
soledad perdida,
en donde la lluvia de invierno diluvia
y la sudestada mantiene empacada
la furia inocente de la inundación.


Juanito Laguna, mirando la luna
que se hizo con agua
y las crestonadas que al norte en bandadas
emigrando van,
en su barro tierno de dolor eterno,
medroso presiente
que en aquel invierno vendrá la creciente
dejando sin rancho, desnuda la gente,
sembrando en las islas la devastación.

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